La crisis del siglo III en el territorio de Alicante

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Las dificultades económicas, los cambios sociales y los conflictos por la sucesión al mando del Imperio romano se reflejan en la historia romana de la actual provincia de Alicante, pero no de manera uniforme. Hay que descartar de manera rotunda la llegada de bandas de germanos saqueando el territorio. Las fuentes escritas nada dicen de ellas y la arqueología no ha probado su presencia. Estos temas se pueden ver en el MARQ en la exposicion anexa titulada El Bajo Imperio en tierras alicantinas que acompaña la exposicion El Tesoro de los Barbaros .

 

cs-3788-aEn el siglo III en las ciudades se asiste a una paralización de la monumentalización del paisaje urbano. No hay, como en el siglo precedente inversiones en la edificación o reparación de edificios públicos por las élites urbanas y magistrados que desertan, como en otras partes del Imperio de sus obligaciones en pro de la comunidad. En algún caso en Ilici se producen deterioros en las infraestructuras (alcantarillas o cisternas) pero no se trata de un fenómeno generalizado. En La Vila Joiosa (¿Allon?) se mantienen en uso las termas, construidas a finales del siglo I, hasta el siglo IV. En el Portus Iicitanus hay reducción pero en absoluto paralización de la actividad comercial. En Dianium, la continuidad de la producción anfórica, para el envasado del vino local, y de materiales de construcción en el siglo III indica vitalidad de sus bases económicas. En esta centuria como contrapunto al desinterés por parte de los sectores sociales pudientes hacia la ciudad, estas invierten en sus propiedades rurales dotándolas de extraordinarios elementos de rica ornamentación y comodidades.

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Es el caso de la villa de Xauxelles en La Vila Joiosa, o en las que se levantaron al pie del Peñón de Ifach en Calpe que continúan en el siglo IV. En esta centuria además se documenta una mayor vitalidad en en Ilici y en el Portus Ilicitanus. La producción agrícola (aceite) se muestra activa con instalaciones como la de Canyada Joana en Crevillente y crecen otras lujosas villas como la descubierta en Algorós (Camp d’Elx) o en la residencia pavimentada con mosaicos en el Portus Ilicitanus.

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Asimismo, en la propia Ilici, probablemente a mediados del siglo IV se construye una basílica cristiana, lo que es indicio de una aristocracia convertida que puede costear un nuevo edificio en la vieja ciudad romana (hay que tener en cuenta que en este momento, el cristianismo está tolerado pero no es religión oficial, como ocurrirá a partir del 395).

La crisis del siglo III azotó el Imperio Romano

mapaPosiblemente el Bajo Imperio sea uno de los períodos de mayor inestabilidad en la Historia de Roma. La llamada crisis del siglo III tuvo su origen en contradicciones internas que transformaron el antiguo modelo económico del Imperio y debilitaron la estructura de su poderoso estado. Tal vez, el grave conflicto político sea una de las manifestaciones externas más visible, ya que las incesantes luchas por el poder terminaron por instaurar formas de gobierno como la “Anarquía Militar” (235-294 dC).

Las Provincias del Imperio no fueron ajenas a estos cambios y el alto grado de romanización y dependencia de Hispania la hicieron especialmente sensible. Las fuentes escritas poco pueden ayudarnos a entender lo acontecido fuera de Roma, centradas en narrar la sucesión de emperadores y usurpadores, en ellas sólo encontramos algunas referencias a la Península en relación con las incursiones de los pueblos bárbaros y su supuesto ataque a la ciudad de Tarraco.

En el registro arqueológico son las transformaciones en el paisaje urbano lo que caracterizará el periodo. La reducción de los perímetros, la ausencia evergetismo o la reutilización de gran parte del material constructivo, le dieron a la ciudad del Bajo Imperio un manifiesto aspecto de decadencia. Sin embargo, excavaciones recientes en importantes centros hispanos como: Tarraco, Barcino, Emerita Augusta, Corduba, Caesaraugusta, Valentia o Illerda, reflejan en sus hallazgos un significativo mantenimiento de la vida urbana y de su actividad económica y comercial. Es cierto que las ciudades ya no cuentan con el esplendor que tuvieron siglos atrás pero su existencia y función sí se prolongarán en el tiempo, sobreviviendo esta centuria y llegando en su mayoría a perdurar hasta por lo menos el 711.